lunes, febrero 18, 2008

Muertes en tránsito 

Nos globalizamos, nos mundializamos, nos movemos ¿Nos movemos? La libre circulación de bienes, personas e información (dinero) es el mantra de lo que parece ser la patología más enfermiza que haya aquejado nunca la existencia de ese organismo vivo que es ¿Nuestro planeta? ¿Nuestra sociedad? Teniendo en cuenta que la primera es el soporte (hardware) de la segunda, que emerge de un antropocentrismo desmedido va a dar igual. Es sólo una muestra más de una falta de capacidad manifiesta para adoptar una visión holística de una realidad compleja que nos supera.

Con ese tránsito continuo tomamos consciencia de la mundialización, proceso de metástasis que, mediante una homogeneización mortal de necesidad, extiende entre nosotros el tumor maligno más peligroso para aquella sociedad, nuestra propia humanidad. Morimos ahogados en nuestra propia nausea y lo hacemos anestesiados por cierto placer hedónico, cambiante, pero continuado: sadomasoquismo en estado puro.

Nos movemos, sí. Me muevo y muero dos veces: una yo y otra los demás que, juntos, hacen que yo sea posible...

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Caminar sobre la nieve 

Avanzas temeroso, pisando (un suelo) una realidad que no entiendes (ves) tratando de seguir las huellas de otr@s que antes han vivido (pasado por) allí. Lo haces con la esperanza de no (resbalar y caer) equivocarte; pero, mientras lo haces, la realidad, la vida, ocurre fuera de tu (entendimiento) campo de visión, porque tú sigues (pensando como otr@s han pensado) mirando al suelo que otros han pisado... ¿Quién se atreverá a despertar y mirar a su alrededor para descubrir las oportunidades de un universo de oportunidades, aun a riesgo de caer y no poder levantarse?

¿Serás tú? ¿No? En ese caso, piensa que la mejor forma de no caerse es pensar, exclusivamente, en el siguiente paso: eso implica usar toda tu capacidad para dar ese paso, no para pensar en hacerlo, sino para hacerlo.

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jueves, enero 24, 2008

Tecnología líquida 

La tecnología permea todos los ámbitos con los que entra en contacto. Lo hemos oído más de una vez. Ámbitos que suenan a compartimentos supuestamente estancos que ceden ante la fuerza de la tecnología que acaba venciendo sus barreras e inundándolos...

Hablamos de metáforas digitales
. No podemos dejar de buscar la más adecuada. Tampoco nos vamos a plegar a la obra "trivial" de Bauman para añadir el húmedo adjetivo a cualquiera de aquellos ámbitos. No es necesario. Sí podemos pensar, sin embargo en una construcción social que se ve cada vez más influenciada --inundada quizás- por esa (info)tecnología.

Un tipo específico y dominante de tecnología que va "subiendo" (al me nos gráficamente) el nivel al que podemos "flotar", dejando bajo la superficie (convirtiendo en imperceptibles) lo que antaño eran logros memorables de aquella construcción colectiva.

Evidentemente, según sube ese nivel de las aguas (info)tecnológicas, como si de una especie de WaterWorld sumergido en (info)tecnología (TechnoWorld) lo que queda al alcance de nuestra cansada mirada cambia completamente, variando dramáticamente nuestras expectativas vitales: muchas metas socialmente consensuadas han sucumbido a la crecida de las aguas; otras aparentemente inalcanzables han pasado a conformar el horizonte vital de much@s.

A veces se producen fenómenos turbulentos en la superficie tecnológica de ese mundo imaginado. Fenómenos que, una vez han "pasado" nos ofrecen una superficie distinta, que se ha llevado muchas de las referencias "visuales" que nos ayudaban a realizar figuraciones de la misma, mapas con los cuales podíamos situar entornos que nunca habíamos "visto".

La pega de todo esto es que sigue necesitando de unas fronteras que contengan la liquidez imaginada, que a su vez confiere al conjunto su validez como realidad viviente, vívida y posible... Además, si el nivel del agua (o la ponzoña) sigue subiendo, aparte de permearlo todo, es muy posible que, ante la falta de ritmo que dejamos patente en nuestro particular ascenso mítico emulando a Sísifo --en nuestro caso, en pos de una supuesta sociedad del conocimiento- acabemos ahogados en nuestra más característica creación, la tecnología que, una vez licuada, ha podido llegar a hacernos formar parte de ella.

¿Acabará el ser humano convirtiéndose en un elemento componente de esa "nueva" tecnología líquida, más que en el 'bar(wo)man' que se limita a servir el cóctel del momento? ¿Se acabará convirtiendo ese proverbial cóctel (info)tecnológico en la ponzoña que nos acabará dando nuestro merecido?

¿Nadamos en tecnología o en información? ¿Acaso no nadamos en un mar de información? Hablamos de la abundancia de información. ¿Será cierto que disponemos de más información? Rescatando y pervirtiendo ciertas definiciones de la ortodoxia de la teoría de la información, lo que realmente ha pasado en esta tan nuestra "saciedad de la información" no es más cantidad de ese (líquido) elemento, sino un número creciente de herramientas (dentro de un subsistema tecnológico autónomo para algun@s y meramente utilitario para otr@s) para añadir redundancia a dicha información, lo cual permite que aparezcan multitud de formas más o menos novedosas para codificar tal información convirtiéndola, en la mayoría de los casos, en diferentes productos para distintos tipos de consumidor@s.

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jueves, noviembre 01, 2007

Hogar, dulce hogar 

Mi casa, ¿dónde está mi casa? ¿qué es un hogar? Un espacio donde me encuentro cómodo, a salvo... No lo sé. Generalmente se identifica con un espacio arquitectónico en el que nos instalamos para acumular objetos, físicos y emocionales.

En mi caso, ese espacio de seguridad y comodidad se corresponde con un espacio social, emotivo, psicológico que, además, en mi caso, se encuentra siempre fuera del espacio arquitectónico en el que paso la mayor parte del tiempo (durmiendo).

¿Qué significa esto? ¿No será que ese espacio no existe, sino que lo creamos nosotros, a lo largo de nuestra vida, a base de interconectar experiencias aparentemente disjuntas? Ni siquiera sé si esto tiene mucho sentido, pero es posible que ese "espacio" no sea tal, sino que es una dimensión de nuestra propia identidad que, cada vez más se construye en red, en la Red.

Decía Antonio hace un par de días, en el IV Congreso EducaRed
, que las "Nuevas Tecnologías" no son una herramienta, sino un espacio que debemos hacer confortable a base de ir acomodando en el mismo diferentes objetos. Quizás la metáfora nos sirva para entender el sentido de la característica análogodigitalidad del entorno que nos ha tocado como particular circum-stantia tecnosocial; asimilando el cambio impuesto por la evolución (info)tecnológica como la adición de nuevas estancias al hogar que conformamos al construir nuestro yo digital; y/o como la disponibilidad de nuevos muebles (objetos) que nos ayuden a "ordenar" y hacer más confortable ese hogar.

Lo mismo esta inquietud responde al equilibrio entre el lugar donde estamos y el ideal del lugar deseado, tal como lo describe Verdú en su blog...

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miércoles, septiembre 26, 2007

Bibliodoscero 

Después del pedazo de evento de Peñaranda, sin la seguridad completa de que el tostón se haya digerido por completo, me proponen tres preguntas, tres para componer una opinión muy personal acerca de la Web Social y el ámbito específico de la biblioteca. Un ejercicio siempre útil de reflexión que quiero exponer al escrutinio del ojo entrenado.

1. ¿Estás de acuerdo con la etiqueta 2.0?¿Se trata realmente de una web social?

No estoy seguro de que uno pueda estar o no de acuerdo con una etiqueta. Puedo estar o no de acuerdo con su utilización para clasificar según que fenómenos, que es el caso. En general, las palabras, las etiquetas, que en este caso derivan de una retórica posmoderna bien conocida y asociada al ámbito informático, por cuanto que utiliza la nomenclatura de cambio de versión de las aplicaciones software, son sólo eso, etiquetas y, desde mi punto de vista, son como los modelos conceptuales, es decir que no son correctas o incorrectas, sino útiles o inútiles. En este caso se trata de una etiqueta útil: sencilla en su formulación, simple en su argumentación y fácil de usar: bastará poner "loquesea 2.0", de la misma forma que ocurría antes con la invasión del "e-loquesea" que nos planteaba Rafa Casado en las recientes jornadas de alfabetización digital.

Dicho esto, aunque a veces comulgo con la utilización de esa etiqueta, me siento más cómodo con la denominación de Web de Nueva Generación (WebNG) por varios motivos un poco largos de explicar aquí en toda su extensión. En pocos palabras, la Web 2.0 tiene un problema evidente, como es la aceptación de facto de que le van a seguir la Web 3.0, Web 4.0, ,etc. ad infinitum, algo que, a pesar de ser del agrado del gurú de la cibercosa que campa a sus anchas por la blogosfera, es poco práctico y menos creíble. Por otro lado, la WebNG se asocia con un proceso de evolución continuado, nunca concluido y siempre por venir (Nueva Generación como Next Generation) y, además, se asocia también a una nueva generación de infociudadanos, que no somos nosotros, sino que son ya y seguirán siendo sucesivas oleadas de nativos digitales, utilizando los términos que acuñara Marc Prensky sin entrar en discusiones estética sobre la conveniencia de la utilización de esa metáfora.

Esta consideración continua necesariamente con la otra pregunta acerca del caracter social de esta 'Web 2.0'. La Web como instrumento técnico complejísimo no parece tener una dimensión social por sí mismo. Tampoco tiene por qué, puesto que es un elemento tecnológico, fruto por tanto del humanismo y heredero de una complejidad necesariamente sociotécnica. Somos seres tecnológicos. La Web siempre fue social: nació como una herramienta para que un grupo de científicos compartieran conocimientos en forma de documentos, que se publicaban y transferían con un determinado formato; deviniendo luego en un espacio de comunicación global. El hecho de que ahora se hable de la Web Social como el siguiente estadio de la WebNG se debe a que la superficie que esconde toda la complejidad sociotécnica de una cantidad creciente de herramientas, servicios y plataformas se compone, fundamentalmente, con metáforas que giran alrededor de la redes sociales. Es social en ese sentido un tanto restrigido; pero también lo es en otro más amplio, como es el hecho innegable de que la emergencia de la Web 2.0 como fenómeno mediático ha ayudado, en parte, a que se socialice el uso de la Web, dando lugar, por ejemplo, al surgimiento de multitud de nuevas iniciativas enfocadas en la promoción de la participación y la acción social desde una nueva localidad (física) dentro de la territorialidad digital de una Red que es ya, por definición y por construcción, Universal y Digital, trascendiendo la primigenia Internet.

2. ¿Estas tecnologías son verdaderamente útiles o es más una cuestión de modernidad?

Siempre es una cuestión de modernidad. Lo será hasta que superemos esa etapa de nuestro pensamiento, que ahora se estanca en una posmodernidad mal entendida. Objetivamente hablando, hoy hay muchas más personas, con muchos más instrumentos infotecnológicos a su alcance, para hacer muchas más cosas --buenas y malas- en la Red. Eso es un hecho que supone un cambio sustancial en nuestra forma de mirar a la Web. Lo que ocurre es que esta situación no es sólo fruto de la evolución en las tecnologías web. Es fundamental, por ejemplo, la inversión en infraestructuras que se realizara al calor de la locura colectiva que contagió los mercados financieros a finales/principios de siglo.

Estas tecnologías, ahora con más visibilidad que antaño, son útiles, por supuesto. Son útiles para crear una enciclopedia universal cuyas contribuciones anónimas tienen un grado de rigurosidad y calidad como poco igual a la más reputada de los conocidos repositorios de conocimiento. Son también útiles para sostener el funcionamiento operativo de las mayores redes de terrorismo a nivel global. Son útiles para soportar el repunte del porno amateur en la Red, así como para compartir todo tipo de contenido ilícito, como el relacionado con la prostitución infantil, un terreno en el que precisamente aumentan las probabilidades de capturar a los delincuentes gracias, en gran parte, a la característica "rastreabilidad" de este Nuevo Entorno Tecnosocial (NET) tal como lo ha definido Fernando Sáez Vacas. Son útiles para que tanto el aula como el puesto de trabajo se abran, derribando los tradicionales muros que los convertían en entornos físicamente definidos y que coartaban su realidad "análogodigital".

Estas tecnologías son útiles, al igual que lo fueron antes, en otro contexto. Lo que, sin duda, "es más una cuestión de modernidad" es la etiqueta 2.0, una modernidad, insisto, mal entendida y que sería objeto de otro debate, más propio también de otro ámbito.

3. ¿Por qué todavía son escasas las bibliotecas que están empleando estas herramientas?

No son sólo escasas las bibliotecas que están empleando estas herramientas; también lo son las escuelas, las universidades, las empresas, etc. Cada organización --y en parte, cada tipo de organización- tiene una inercia característica en los procesos de cambio. Los factores que influyen incluyen, además de la tecnología, al propio individuo y a la organización misma, con todos sus procesos, procedimientos y tareas definidas en otra realidad que se pudo construir y adaptar a otro ritmo bien distinto del actual.

En el caso de las bibliotecas, desde el punto de vista de un profesional que atesora un gran desconocimiento de cada vez más cosas, hay una influencia clara de su definición y filiación institucionales, que las concierte en un instrumento periférico de una multitud de administraciones nacionales, regionales y locales inconexas en muchas ocasiones e incapaces de definir una política social para una verdadera sociedad de la información. Afecta también la desconexión de la propia biblioteca, a nivel organizativo al menos así se percibe, de su propio entorno: funcionan como islas dentro de otras organizaciones, como las universidades, o en la comunicación con los colegios e institutos locales.

La histórica falta de definición de los perfiles y capacidades de los profesionales de la biblioteconomía y la documentación ha sido sin duda otro lastre para la apropiación de las infotecnologías por parte de la biblioteca como institución en sí misma. Es posible que hoy sea esta debilidad la mayor oportunidad del sector: la preparación de sus profesionales y la potencialidad que ofrecen las herramientas de la Web Social en un ámbito, el de l@s profesionales de la información, que está en el corazón mismo del salto cualitativo que se está dando en la Red.

No se trata de ser optimista, sino constructiv@. Más allá de etiquetas y de toda la retórica asociada a la Web 2.0, hay multitud de iniciativas, en una diversidad creciente de ámbitos sociales, que apalancan el carácter horizontal de las infotecnologías y su inagotable potencial innovador para las personas creativas. En una situación como la actual, con el suelo que desaparece bajo nuestros pies según avanzamos, no se trata ya tanto, y puede que ni siquiera fundamentalmente, de estar "preparado" --en el sentido tradicionalmente aceptado del término, ligado a la capacitación formal- sino de estar "dispuest@s". Es aquí donde nos encontramos con el individuo, con las personas.

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martes, septiembre 25, 2007

Una historia como otra cualquiera 

Es buen chaval, pero le pierden las compañías. Supongo que es una aseveración bastante común entre los padres, incluso cuando tienen más de un vástago entre su descendencia. Es una cuestión sencilla de probabilidades y diversificación de la inversión: si sale bien, te forras (te cubres de gloria) pero, si sale malamente, te hundes con todo el equipo. En mi caso, la situación se veía agravada por el hecho de que me había convertido en "el empollón" de mi clase; de LA clase, pues sólo había una en mi pueblo. Un grupo heterogéneo de chavales que constituía todo el futuro del lugar. Una juventud que empezó su educación formal a la tierna edad de seis años, acudiendo en bloque, con sus mayores de hasta doce o trece años a una cochera alquilada donde una maestra enseñaba un poco de todo a tod@s. En tercero ya existían cursos separados y en sexto grado de la antigua EGB ingresamos en unos grupos escolares recién construidos. Seguía siendo "el empollón" de la clase, con todos los tópicos asociados.

¿Qué tiene eso que ver con mi historia en la Internet española? Todo. Se trata de MI circunstancia, que me rodea, me atrapa y me condiciona para lo que me acontecería al sumergirme de forma precoz en el universo infotecnológico. En el verano que transcurría desde la EGB hacia otro acrónimo anacrónico de mi vida, el BUP, que suponía dejar de ir con tus padres a cumplimentar los trámites administrativos de matriculación, me inscribía en un "curso de informática" para intentar sacar partido a mi recién estrenado ordenador. El curso se impartía en COBOL con una máquina Philips que disponía de cuatro terminales y un disco duro de 60 MB; mientras, en casa me esperaba un micro MSX, competencia directa de los populares Commodore 64 y Spectrum Sinclair. A esta extraña experiencia seguían un curso de BASIC y mis primeros pinitos, como autodidacta con el lenguaje ensamblador del microprocesador del MSX, un Zilog 80... Precioso. La nostalgia me asalta por momentos mientras rememoro aquella época: las primeras películas porno, recurso natural del adolescente autodidacta.

Mis excesos en aquellos años de alcoholismo juvenil en el instituto --descubría la cerveza Spaten en el Bar Bonsai- no me hacen olvidar cuando apareció en nuestra institución el primer IBM PC XT con su pantalla de fósforo verde, que más tarde sería sustituido por un pecé clónico equipado con el potentísimo INTEL 286 abriendo un mundo de posibilidades con su software para el periódico de los estudiantes, así como para la redacción de los apuntes de ciertas asignaturas. Incluso recuerdo al primer profesor, de matemáticas concretamente, que nos enseñó un pecé portátil de Toshiba: era blanco y la pantalla de fósforo ámbar. Mientras mis amigos más frikis leían la revista 'mi computer' y se declaraban conversos creyentes del Commodore Amiga, yo seguía siendo "el empollón de la clase", de cualquier clase. Mientras me diluía entre cerveza y hacía patente mi incapacidad para las relaciones sociales, la falta de alternativas conocidas y el elitismo como marca de la casa, me acercaban a la EsKuel@ de TeleK0 de la Pol¡Técn!KA y los estudios conducentes al título de Ingeniero de Telecomunicación.

Una vez en Madrid, aparte de cometer todos los errores que se pueden cometer, mi sesgo estético hacia la matemática pura y la filosofía me alejaban de cualquier planteamiento pragmático de futuro, fundamental, por otra parte, si lo que quieres en terminar la carrera e integrarte como un engranaje útil de la máquina económica en que se ha convertido la sociedad post-industrial.

Es allí, en la EsKuel@, donde se empieza a oir hablar con fuerza de Internet, la "alternativa" simplona e ineficaz a "las redes de verdad", las de las compañías del gremio, las telefónicas, las telcos (telephone companies) de toda la vida, que es donde están los ingenieros de verdad, no esos putos freakies outsiders adoradores del IP.

Superado ese dogma con la aparición de la Web y los primeros navegadores, que te enseñaban los colegas que habían estado en EE.UU., la situación daba un vuelco importante reforzando la enseñanza de la telemática y dando un peso considerable a las redes de ordenadores, por encima de la vetusta arquitectura de computadoras, nacida por otro lado, en la misma escuela y originaria de los estudios de informática en nuestro país.

Yo, personalmente, comenzaba tímidamente a convertirme en usuario del correo electrónico, la transferencia de ficheros y la mensajería, eso sí, agazapado tras la imagen 'cool' del modernillo y alternativo linux de aquellos maravillosos años y, como no, el vernáculo UNIX y su inseparable lenguaje de programación C (descartados el A y el B, era de una simplicidad estética insuperable). El goce onanista de saberte poseedor del secreto del anillo (los "comandos" del sistema operativo unix o linux de turno, que se introducían vía terminal de texto) te convertían en parte del 'matrix', un ser superior que estaba por encima de los problemas del común mortal.

El tiempo pasaba y Bill Gates y sus chicos, convencidos de que no se le podían poner puertas al campo, decidía ponerle ventanas, que en poco tiempo se abrían a un mar de información en la red de redes, la Internet tan denostada por su origen industrial-militar que cobraba nueva vida con la popularización de la Web como aplicación estrella casi por encima del correo electrónico. Pero, con todo y con eso, yo seguía cerrando los bares de la ciudad.

Llegaba el fin de siglo y los anuncios apocalípticos del "efecto 2000" conseguían, aparte de que las consultoras hicieran caja, que en el imaginario colectivo ganara posiciones la Red como icono de la globalización, del todo está conectado. Por mi parte, yo liquidaba mi relación formal con LA EsKuel@ y entraba en el mundo laboral, formalmente hablando, incorporándome en una unidad de innovación y desarrollo tecnológico de una conocida entidad bancaria, tras haber rechazado una oferta para ocuparme de las labores comerciales de un fabricante italiano de marcapasos ... Sigo pensando que era una tapadera de algo más grande ;-)

Es en EL Banco donde mi relación con la Red se estrechaba considerablemente. Siendo los buscadores nuestra herramienta fundamental de trabajo, comienzo a descubrir un universo de contenidos y una necesidad perentoria de la organización de separar el pelo de la paja, en mi caso dentro de una labor de vigilancia tecnológica muy básica.

No recuerdo cómo ni cuándo, pero fue en esa época cuando empecé a utilizar el exiguo espacio web que el colegio profesional del gremio, el COIT, nos ofrecía a l@s colegiad@s. Sí recuerdo mis primeros pinitos con el HTML a pelo, con un editor de texto plano, herencia clara de mis días de 'hacker wannabe' como estudiante. Una actitud tan poco pragmática como el resto de mi existencia que, sin embargo, me iba a servir para ir descubriendo la verdadera potencia del "copipega" cuando el contenido es más tecnología que contenido: era la forma evidente de añadir funcionalidad a tu sitio web y aprender, copiar trozos de código de otros sitios.

Mi labor de análisis e investigación me llevaban a seguir la evolución de fenómenos incipientes, como los blogs, en aquellos primeros años del siglo XXI. El conocimiento y la sensibilidad adquirida en esa actividad fueron los que me sirvieron para, a partir de 2003, momento en que me quedaba de nuevo en la calle, iniciara una etapa nueva en mi forma de entender la Red y su papel en mi vida.

Con mucho tiempo libre y sin un objetivo claro que perseguir iba constatando día a día el desconocimiento y la mediocridad que regían la toma de decisiones a todos los niveles en lo referente a la sociedad de la información y su proceso de construcción como infraestructura de un futuro y sostenible estado del bienestar, bla bla bla... Poco a poco acumulaba descontento y alcohol en sangre, lo cual me llevaba a volver a la universidad para comprarme otro carné acompañado de su correspondiente acrónimo, MBA. Dado mi nivel económico, me refugiaba en el bar de la EsKuel@ mientras recuperaba viejos contactos de mi época de estudiante que, con el tiempo, terminaban sustanciándose en una relación más formal con la institución como precario mileurista de investigación, categoría que, aunque con matices, me describe aun a la perfección. Especialmente importante ha sido el reencuentro con Fernando Sáez Vacas, comprometido y rigurosísimo pensador de trayectoria dilatada, y sin embargo buen amigo, con el que tenía el placer de coordinar un cuaderno especial de la revista TELOS en 2005, que sería uno de los primeros, si no el primer, trabajo en español de su clase sobre el fenómeno blog, a partir del cual se forjarían nuevas amistades y relaciones profesionales.

Era la época, la venta de Blogger a Google hacía que el fenómeno blog se convirtiera en algo mediático en todos los sentidos y que arrastrara con él a multitud de otras herramientas propias de ámbitos muy diversos que encontraban en la "Web 2.0" LA etiqueta definitiva. Convertido por aquella época en un profesional de los eventos, comenzaba a extender mi propia red de contactos con verdaderos profesionales del networking. Empezaba a vivir de cerca los grandes hitos de una Red que se recuperaba lentamente del desastre financiero de principios de siglo, como la salida a bolsa de Google, la venta de Weblogs, Inc. o la aparición en España de Weblogs, S.L..

Mientras mi actividad "bloguera" se consolidaba como parte de mi existencia nihilista y autodestructiva, comenzaba a participar en algunos trabajos de análisis y divulgación más profesionales de la mano de diversas instituciones, lo cual me llevaba a sumergirme de lleno en una especie de Matrix internético-webesférico-blogosférico pseudo-corporativista en el que me he encontrado de todo, desde la siempre divertida figura del gurú de la cibercosa, hasta el emprendedor combativo e inasequible al desaliento, pasando por l@s activistas más comprometid@s.

Tod@s me aportan algo bueno y me siento afortunado de poder formar parte de un proceso de cambio del que somos tod@s responsables; y, dentro de mis patentes limitaciones, creo firmemente que el mejor servicio que un profesional --un ingeniero, un humanista- "híbrido" como yo puede ofrecer a esta sociedad mediocre que lo ha creado es precisamente hacer ver, a quien quiera mirar, que también el o ella es parte de esa sociedad, de la información, de la comunicación, del ocio... de lo que sea, pero que debemos construir, que de hecho construimos, entre tod@s y en la que podemos participar de una forma más activa. Esa es --siempre ha sido- la esencia de la Red, las personas, la conexión, la comunicación que nos llevará a coleccionar lugares, hallazgos, momentos, ... personas.

Para muestra, un botón. Javier Jimeno y su particular visión de la Red desde la perspectiva de un superviviente, Jan Hinrichs, emprendedor ejemplar, Ildefonso Mayorgas gran conector, "redero" por excelencia que comienza a ganar cierto reconocimiento a su incansable labor al frente del Last Thursday. Octavio Rojas, que empuja desde el principio el Beers&blogs, paradigma de toda una nueva generación de encuentros informales que insuflan nueva vida en la Red y que nos ha llevado, juntos, a promover "la conversación" fuera del entorno digital. Fernando Polo y Luis García de la Fuente, humanistas posmodernos atrapados en el traje de hombres de empresa. Alex DC, emprendedor apasionado y comprometido con su proyecto, fresqui. Oscar Espiritusanto, ciudadano del mundo convencido de que tod@s debemos serlo, el alma de periodismociudadano.com. Yolanda Rueda y Jorge Rastrilla, al frente de la acción social en la Red con sus cibervoluntari@s; Pedro Cluster, que nos ha enseñado, desde la calle, cómo se puede cambiar la sociedad desde el ámbito personal y local mediante el uso de las infotecnologías. Jaime Estévez y Mercedes Rojo, que han conseguido abrir una serie de foros pseudo-institucionales a la participación para la acción. Rafael Casado, un profesional del conocimiento comprometido que se ha volcado con su proyecto para la investigación de la acción participativa, desde fiap... Personas que, entre otras muchas han marcado mi historia en la Red.

Con multitud de proyectos en marcha y una gran diversidad de frentes abiertos, entre los que me motivan especialmente los relacionados con la participación ciudadana y la explotación de una nueva territorialidad digital en la acción participativa local, como una forma de entender la globalidad de una realidad mundializada, siento que finalmente, en esta etapa final del año lunar del cerdo dorado, he alcanzado esa sensación de fluidez que me conducirá a un esperado final por la vía del vicio, fruto de un hedonismo extremo.

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martes, septiembre 04, 2007

Escuchar, enlazar, compartir, ..., ¿Influir? 

¿Cóctel del momento o combinado ganador? Esa era la pregunta que motivaba en su momento mi intervención en las IIJAD 2.0, organizadas por FIAP el pasado mes de junio en Madrid. Se trata ahora --como se trataba entonces- de introducir cierta reflexión acerca de la Web 2.0, considerada como un estadio en el camino hacia una Web de Nueva Generación, terra incognitae, un no-lugar inacabado en el tiempo y siempre por venir.

Un desafío tal se puede abordar como un ejercicio necesariamente abreviado de ensayo sociotécnico. Podríamos comenzar planteando la emergencia de las llamadas "tecnologías" (de la) Web 2.0 como fruto de una convergencia contenido-tecnología, que no es en absoluto nueva, para, a continuación introducir en la "ecuación" el factor humano, mostrando las consecuencias de su consideración holística, como individuo --y por tanto parte de una sociedad- frente a la imagen fragmentaria del mismo que hasta ahora se viene adoptando en el discurso económico-empresarial todavía dominante en la Red.

Pero, dado que la la brevedad de los tiempos mediocres que vivimos nos apremia, lo que haré será poner de manifiesto algunos extremos relevantes de la convergencia como concepto específico, para luego hacer patente el desencuentro entre organización e individuo en esos términos, lo cual me llevará apenas a formular la propuesta que da título a esta píldora de superficlosofía (por superficial) de las infotecnologías.

Convergencia ¿Simple retórica?

La retórica de la convergencia lo impregna todo, y la Web 2.0, a medio camino entre una revolución social (en el uso de según qué tecnologías) y la rebelión de unos pocos (aficionados apasionados, freakes, para unos, ilustrados digitales, digerati, para otros) no iba a ser menos. Nos encontramos aquí con una peculiar convergencia entre contenido y tecnología ejemplarizada por la emergencia, sin ir más lejos, de los blogs como fenómeno de mayor visibilidad en la Red. ¿Constituye el blog un formato de publicación web, una herramienta (de la) Web 2.0 quizás? ¿Es contenido o/y/antes que tecnología?

Tradicionalmente se ha hablado de la convergencia de las telecomunicaciones y la informática en lo que se conocería desde finales de los años 1970 como telemática, uno de los motores de la "revolución digital". También se auguraba hace más de una década la futura convergencia de telemática y los media, dando lugar a "algo" que unos cuantos analistas quisieron bautizar como "mediática", una suerte de híbrido de contenido y tecnología.

Otra convergencia interesante a la hora de reflexionar sobre este estadio en la evolución de la Red es la que se produce entre los entornos profesional y personal en lo que se refiere equipamiento infotecnológico. Una convergencia directamente relacionada con La manera en que se define el binomio humano-máquina en términos del desequilibrio entre aquellos dos entornos antaño perfectamente separables y distinguibles por los elementos técnicos que en ellos se daban cita. Hemos pasado de una clarísima influencia neta del ámbito profesional en el personal, que culminaba con el amplio desarrollo de las soluciones ofimáticas y de productividad personal hace casi un par de décadas, a una situación en que parece ser el ámbito personal, de los servicios de comunicación, mensajería, edición y publicación, el que empuja la adopción en el ámbito profesional (empresarial) de nuevas tecnologías que los soporten. Un cambio que ilustraba muy bien a principios de siglo la explosión de la mensajería instantánea corporativa (Enterprise Instant Messaging, EIM).

Infotecnología compleja para una realidad compleja

Grosso modo, la característica más propia de esta "Web Social", al menos desde el punto de vista de la percepción manifestada por el usuario, es la facilidad de uso. Una facilidad relativa manifiestamente mayor para editar, publicar y compartir contenidos en la Red. Contenidos, en principio, multimedia. Una facilidad proporcionada por multitud de servicios, herramientas y plataformas, como por ejemplo los gestores de contenido (Content Management Systems, CMS) que sirven de soporte a los servicios de publicación de blogs.

Unas plataformas, herramientas y aplicaciones que soportan lo que popularmente se ha dado en conocer como contenido generado por el usuario (User Generated Content, UGC). Ocurre sin embargo que esta consecuencia esperada de aquella eventual facilidad de uso, no deja de ser, en cierto sentido, pura potencialidad en un sistema sociotécnico complejo que se apoya en una estructura reticular. Una circunstancia que nos lleva a observar distribuciones de nodos productores y consumidores de contenido propias de lo que se conoce como un "mundo pequeño" y caracterizadas habitualmente por lo que popularmente se conoce como "la larga cola" --o distribuciones en ley de potencias, en términos un poco más precisos.

Ocurre, por tanto, que la naturaleza compleja de esa infoestructura reticular que trasciende lo que en realidad es la Internet, está dando lugar a una dinámica aparentemente simplificada de cara a un usuario final que, en absoluto, se extiende a la generalidad de los internautas. No debemos engañarnos; el internauta medio sólo existe en las estadísticas y es un concepto útil sólo en ese ámbito analÌtico.

Es importante darse cuenta de que la aparente simplificación de la Web Social no es sino eso, apariencia simplificadora de una realidad más compleja. Eso significa que, desde el punto de vista de la gestión, no tendremos más remedio que buscar métricas e instrumentos de "control" a la altura de las circunstancias, es decir que, en términos de lo podrÌamos de alguna forma identificar con "la variedad requerida" --criterio cibernético de control- necesitamos introducir mayor complejidad.

Ese argumento sistémico de perogrullo sirve para justificar un sin número de fracasos organizativos que, por desgracia se seguirán produciendo, sin aportar, por otro lado, elemento nuevo alguno al aprendizaje organizativo. De la misma forma que a principios de siglo, la creencia de que la tecnología constituía, por sí misma, un modelo de negocio, hoy, se sigue cayendo exactamente en el mismo error cuando se despliega lo que se conoce como una "tecnología (Web) 2.0" en la organización. Es decir, por poner un ejemplo ilustrativo, y sin querer trivializar el problema, mientras el mejor sistema de gestión del conocimiento sigue siendo la máquina de café, no dejan de repetirse intentos de despliegue de complejísimos --y costosos- sistemas de información para la gestión del conocimiento en entornos en los que las personas son incapaces de compartir información con sus semejantes en los pasillos.

La realidad industrialista de una sociedad postindustrial

La empresa en particular; la organización en general, no deja de ser un sistema sociotécnico complejo. El factor humano debe considerarse en consecuencia, no tanto como ingrediente secreto, sino como elemento indispensable en cualquier combinación ganadora que se quiera proponer. Un wiki no motivará a un equipo de proyecto para contribuir en la documentación del mismo, ni un blog servirá para agilizar la comunicación entre los miembros de tal equipo si su dinámica se apoya en el tradicional trasiego de documentos adjuntos y listas de correo electrónico; sin embargo, si bien la tecnología que soporta esos "artefactos" no es buena ni mala, tampoco es neutral --tal como nos recordaba Kranzberg- sólo "multivalente".

La herencia de una era industrial que se niega a desaparecer de nuestras organizaciones empresariales e instituciones socio-económicas, insiste en considerar la existencia de usuarios, clientes, incluso ciudadan@s en tanto que votantes, evitando implícitamente la complejidad de las personas, del individuo como parte de una sociedad por definición. Es esa una consecuencia de la emergencia de una verdadera Web Social que no hemos siquiera comenzado a explorar; es decir, la posibilidad de plantear la interacción con el individuo como elemento integrante de una sociedad Red en la que también se pueden integrar, con la misma naturalidad las máquinas (servicios, aplicaciones, plataformas, herramientas, ...)

Parece que diseñar la interacción con el usuario, la transacción económica con el consumidor, la relación comercial con el cliente son actividades necesarias que, hoy, se muestran claramente insuficientes. Todos esos enfoques, fundamentados, como de hecho están, en la concepción lineal, industrialista, de la cadena de valor no son susceptibles de ser utilizados con ciertas garantÌas de sostenibilidad en la gestión del cambio a que se enfrenta la organización empresarial hoy.

La retórica empresarial no entiende de filosofía cuando llega el final del periodo fiscal y hay que rendir cuentas ante las partes interesadas, comenzando --y terminando- por los accionistas. Este hecho, entre otros, nos lleva a que los instrumentos contables y financieros --como el ROI o el TCO- impongan su lógica a la hora de la toma de decisiones en lo que se refiere a la estrategia tecnológica. Así las cosas, no es de extrañar que oportunidades, como puede ser el surgimiento de la llamada Web 2.0, acaben perdiéndose en un sistema de gestión industrial creado para justificar las propias métricas que lo caracterizan.

Una propuesta superfilosófica

¿Cuánto tiempo vamos a poder sostener ese tipo de criterios en un escenario como el actual? La plataforma tecnológica integrada no constituye una ventaja, sino más bien una barrera cuando debemos enfrentarnos a la realidad de la Web 2.0, construida sobre la composición de aplicaciones (mashups) y la adición de funcionalidades externas mediante un ecosistema de 'coopetidores' capaces de "enganchar" sus servicios en lo que se asemeja más al viejo bus de aplicaciones (y/o servicios) que a la plataforma monolítica tradicional que seguimos encontrando en la mayoría de sectores industriales. En cierto sentido, podemos encontrar ejemplos de ese tipo de plataformas "abiertas" en el QEDWiki de IBM como simple infraestructura, en Facebook con su plataforma, que tanto ha dado que hablar, o en Amazon Web Services.

Si queremos realmente apalancar las posibilidades, la potencialidad sociotécnica, de la Web Social, tendremos que aceptar la interacción CTS (Contenido - Tecnología - Sociedad) con una dinámica clara de convergencia e influencia mútua. Eso significa adoptar un enfoque sistémico que, por más que se ha venido predicando en la literatura económico-empresarial desde hace varias décadas, no parece haberse consolidado suficientemente.

Evidentemente ese "modelo" oculta en su concepción holística la consideración del individuo como parte integrante de un grupo o una organización, antes que como elemento constituyente de una sociedad; un matiz conceptual que no afecta sus pretensiones de generalidad metodológica.

Existen numerosos modelos para la integración efectiva de esa sistémica organizativa en nuestras empresas. El enfoque, intencionadamente simplificado que se ha adoptado para desarrollar estos breves párrafos ha querido sacar partido de la propia superficialidad de un fenómeno efímero, tal como es la emergencia de la Web 2.0, para proponer una dinámica progresiva de aproximación a la naturaleza cambiante de la Red que se supone soporta tal fenómeno.

Apenas formulada como "Escuchar, enlazar, compartir, ... , ¿Influir?" el objetivo de la propuesta es incidir en la naturaleza reticular e hipertextual de un medio que acaba cuestionando unas métricas que, tradicionalmente asociadas a unos canales asimétricos perfectamente definidos, debemos redefinir para manejar un ecosistema social de relaciones en red. Escuchar porque debemos "sentir" el medio en el que vivimos; enlazar es el mecanismo hipertextual, hipermediático por definición que nos permitirá "compartir" contenidos con el resto personas cuya influencia ponderamos sobre la base de las relaciones construidas en nuestras redes sociales.

Queda pendiente una validación preliminar de esta herramienta intelectual para el cambio que, desde mi punto de vista, no puede hacerse de otra forma que desde la acción participativa que motiva la existencia de este foro.

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martes, agosto 07, 2007

Contenido, Tecnología y ... ¿Sociedad? 

¿Cóctel del momento o combinado ganador? Esa era la pregunta que motivaba en su momento mi intervención en las IIJAD 2.0, organizadas por FIAP el pasado mes de junio en Madrid. Habiendo dejado pasar algún tiempo desde aquellas jornadas, llega el momento de poner en prosa, en negro sobre blanco, algunas de aquellas ideas, a ver si nos llevan a alguna parte o, por el contrario, se diluyen por sí solas.





Se trata de introducir cierta reflexión acerca de la Web 2.0, un estadio en el camino hacia una Web de Nueva Generación, inacabada y siempre futura, por venir, por definición. Tal ejercicio se puede realizar, por ejemplo, con la fórmula del ensayo sociotécnico, si es que la lectora acepta el término y la propia propuesta. Comenzaremos planteando la emergencia de las llamadas "tecnologías" de la Web 2.0 como fruto de una convergencia contenido-tecnología que no es en absoluto nueva para, a continuación introducir en la "ecuación" el factor humano, mostrando las consecuencias de su consideración holística, como individuo --y por tanto parte de una sociedad- frente a la imagen fragmentaria del mismo que hasta ahora se viene adoptando en la Red.

La retórica de la convergencia lo impregna todo, y la Web 2.0, a medio camino entre una revolución social (en el uso de según qué tecnologías) y la rebelión de unos pocos (freakes para unos, ilustrados digitales, digerati, para otros) no iba a ser menos. Nos encontramos aquí con una peculiar convergencia entre contenido y tecnología ejemplarizada por la emergencia, sin ir más lejos, de los blogs como fenómeno de mayor visibilidad en la Red. ¿Constituye el blog un formato de publicación web, una herramienta de la Web 2.0 quizás? ¿Es contenido o tecnología?

Tradicionalmente se ha hablado de la convergencia de las telecomunicaciones y la informática en lo que se conocería desde finales de los años 1970 como telemática, uno de los motores de la "revolución digital". También se auguraba hace más de una dácada la futura convergencia de telemática y los media, dando lugar a "algo" que unos cuantos analistas quisieron llamar la "mediática", una suerte de híbrido de contenido y tecnología.

Otra convergencia interesante a la hora de reflexionar sobre lo qué está pasando en este estadio de evolución de la Red es la que se produce entre entornos profesional y personal en lo que se refiere equipamiento infotecnológico o, dicho de otra forma, la manera en que se define el binomio humano-máquina en términos del desequilibrio entre aquellos dos entornos antaño perfectamente separables y distinguibles por los elementos técnicos que en los mismos se daban cita. Hemos pasado de una clarísima influencia neta del ámbito profesional en el personal, que culminaba con el amplio desarrollo de las soluciones ofimáticas y de productividad personal hace casi un par de décadas, a una situación en que parece ser el ámbito personal, de los servicios de comunicación, mensajería, edición y publicación, el que empuja la adopción en el ámbito profesional (empresarial) de nuevas tecnologías que los soporten. Un cambio que ilustraba muy bien a principios de siglo la explosión de la mensajería instantánea corporativa (Enterprise Instant Messaging, EIM).

Grosso modo, la característica más propia de esta "Web Social", al menos desde el punto de vista de la percepción manifestada por el usuario, es la facilidad de uso. Una facilidad relativa manifiestamente mayor para editar, publicar y compartir contenidos en la Red. Contenidos, en principio, multimedia. Una facilidad proporcionada por multitud de servicios, herramientas y plataformas, como por ejemplo los gestores de contenido (Content Management Systems, CMS) que sirven de soporte a los servicios de publicación de blogs.

Unas plataformas, herramientas y aplicaciones que soportan lo que popularmente se ha dado en conocer como contenido generado por el usuario (User Generated Content, UGC). Ocurre sin embargo que esta consecuencia esperada de aquella eventual facilidad de uso, no deja de ser, en cierto sentido, pura potencialidad en un sistema sociotécnico complejo que se apoya en una estructura reticular. Una circunstancia que nos lleva a observar distribuciones de nodos productores y consumidores de contenido propias de lo que se conoce como un "mundo pequeño" y caracterizadas habitualmente por lo que popularmente se conoce como "la larga cola" --o distribuciones en ley de potencias, en términos un poco más precisos.

Ocurre, por tanto, que la naturaleza compleja de esa infoestructura reticular que trasciende lo que en realidad es la Internet, está dando lugar a una dinámica aparentemente simplificada de cara a un usuario final que, en absoluto, se extiende a la generalidad de los internautas. No debemos engañarnos; el internauta medio sólo existe en las estadísticas y es un concepto útil sólo en ese ámbito analítico.

Es importante darse cuenta de que la aparente simplificación de la Web Social no es sino eso, apariencia simplificadora de una realidad más compleja. Eso significa que, desde el punto de vista de la gestión no tendremos más remedio que buscar métricas e instrumentos de "control" a la altura de las circunstancias, es decir que, en términos de lo podríamos de alguna forma identificar con "la variedad requerida" --criterio cibernético de control- necesitamos introducir mayor complejidad.

Ese argumento sistémico de perogrullo sirve para justificar un sin número de fracasos organizativos que, por desgracia se seguirán produciendo, sin aportar, por otro lado, elemento nuevo alguno al aprendizaje organizativo. De la misma forma que a principios de siglo, la creencia de que la tecnología constituía, por sí misma, un modelo de negocio, hoy, se sigue cayendo exactamente en el mismo error cuando se despliega lo que se conoce como una "tecnología (Web) 2.0" en la organización. Es decir, por poner un ejemplo, y sin querer trivializar el problema, mientras el mejor sistema de gestión del conocimiento sigue siendo la máquina de café, no dejan de repetirse intentos de despliegue de complejísimos sistemas de información para la gestión del conocimiento en entornos en los que las personas son incapaces de compartir información con sus semejantes en los pasillos.

La empresa en particular; la organización en general, no deja de ser un sistema sociotécnico complejo. El factor humano debe considerarse por lo tanto, no tanto como ingrediente secreto, sino como elemento indispensable en cualquier combinación ganadora que se quiera proponer. Un wiki no motivará a un equipo de proyecto para contribuir en la documentación del mismo, ni un blog servirá para agilizar la comunicación entre los miembros de tal equipo si su dinámica se apoya en el tradicional trasiego de documentos adjuntos y listas de correo electrónico; aunque, si bien la tecnología que soporta esos "artefactos" no es buena ni mala, tampoco es neutral --tal como nos recordaba Kranzberg- sólo "multivalente".

La herencia de una era industrial que se niega a desaparecer de nuestras organizaciones empresariales e instituciones socio-económicas, insiste en considerar la existencia de usuarios, clientes, incluso ciudadan@s en tanto que votantes, evitando implícitamente la complejidad de las personas, del individuo como parte de una sociedad por definición. Es esa una consecuencia de la emergencia de una verdadera Web Social que no hemos siquiera comenzado a explotar; es decir, la posibilidad de plantear la interacción con el individuo como elemento integrante de una sociedad Red en la que también se pueden integrar, con la misma naturalidad las máquinas (servicios, aplicaciones, plataformas, herramientas, ...)

Parece que diseñar la interacción con el usuario, la transacción económica con el consumidor, la relación comercial con el cliente son actividades necesarias que, hoy, se muestran claramente insuficientes. Todos esos enfoques, fundamentados, como de hecho están, en la concepción lineal, industrialista, de la cadena de valor no son susceptibles de ser utilizados con ciertas garantías de sostenibilidad en la gestión del cambio a que se enfrenta la organización empresarial hoy.

La retórica empresarial no entiende de filosofía cuando llega el final del periodo fiscal y hay que rendir cuentas ante las partes interesadas, comenzando --y terminando- por los accionistas. Este hecho, entre otros, nos lleva a que los instrumentos contables y financieros --como el ROI o el TCO- impongan su lógica a la hora de la toma de decisiones en lo que se refiere a la estrategia tecnológica. Así las cosas, no es de extrañar que oportunidades, como puede ser el surgimiento de la llamada Web 2.0, acaben perdiéndose en un sistema de gestión industrial creado para justificar las propias métricas que lo definen.

¿Cuánto tiempo vamos a poder sostener ese tipo de criterios en un escenario como el actual? La plataforma tecnológica integrada no constituye una ventaja, sino más bien una barrera cuando debemos enfrentarnos a la realidad de la Web 2.0, construida sobre la composición de aplicaciones (mashups) y la adición de funcionalidades externas mediante un ecosistema de 'coopetidores' capaces de "enganchar" sus servicios en lo que se asemeja más al viejo bus de aplicaciones (y/o servicios) que a la plataforma monolítica. En cierto sentido, podemos encontrar ejemplos de ese tipo de plataformas "abiertas" en el QEDWiki de IBM como simple infraestructura, en Facebook con su plataforma, que tanto ha dado que hablar, o en Amazon Web Services.

Si queremos realmente apalancar las posibilidades, la potencialidad sociotécnica, de la Web Social, tendremos que aceptar la interacción CTS (Contenido - Tecnología - Sociedad) en términos de una dinámica clara de convergencia e influencia mútua. Eso significa adoptar un enfoque sistémico que, por más que se ha venido predicando en la literatura económico-empresarial desde hace varias décadas, no parece haberse consolidado suficientemente.

Evidentemente ese "modelo" oculta en su concepción holística la consideración del individuo como parte integrante de un grupo o una organización, antes que como elemento constituyente de una sociedad; un matiz conceptual que no afecta sus pretensiones de generalidad metodológica.

Existen numerosos modelos para la integración efectiva de esa sistémica organizativa en nuestras empresas. El enfoque, intencionadamente simplificado que se ha adoptado para desarrollar esta entrada ha querido sacar partido de la propia superficialidad de un fenómeno efímero, tal como es la emergencia de la Web 2.0, para proponer una dinámica progresiva de aproximación a la naturaleza cambiante de la Red que se supone soporta tal fenómeno.

Formulada como "Escuchar, enlazar, compartir, ... ¿Influir?" el objetivo de la propuesta es incidir en la naturaleza reticular e hipertextual de un medio que acaba cuestionando unas métricas que, tradicionalmente asociadas a unos canales asimétricos perfectamente definidos, debemos redefinir para manejar un ecosistema social de relaciones en red. Escuchar porque debemos "sentir" el medio en el que vivimos; enlazar es el mecanismo hipertextual, hipermediático por definición que nos permitirá "compartir" contenidos con el resto personas cuya influencia ponderamos sobre la base de las relaciones construidas en nuestras redes.

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