martes, septiembre 25, 2007
Una historia como otra cualquiera
Es buen chaval, pero le pierden las compañías. Supongo que es una aseveración bastante común entre los padres, incluso cuando tienen más de un vástago entre su descendencia. Es una cuestión sencilla de probabilidades y diversificación de la inversión: si sale bien, te forras (te cubres de gloria) pero, si sale malamente, te hundes con todo el equipo. En mi caso, la situación se veía agravada por el hecho de que me había convertido en "el empollón" de mi clase; de LA clase, pues sólo había una en mi pueblo. Un grupo heterogéneo de chavales que constituía todo el futuro del lugar. Una juventud que empezó su educación formal a la tierna edad de seis años, acudiendo en bloque, con sus mayores de hasta doce o trece años a una cochera alquilada donde una maestra enseñaba un poco de todo a tod@s. En tercero ya existían cursos separados y en sexto grado de la antigua EGB ingresamos en unos grupos escolares recién construidos. Seguía siendo "el empollón" de la clase, con todos los tópicos asociados.
¿Qué tiene eso que ver con mi historia en la Internet española? Todo. Se trata de MI circunstancia, que me rodea, me atrapa y me condiciona para lo que me acontecería al sumergirme de forma precoz en el universo infotecnológico. En el verano que transcurría desde la EGB hacia otro acrónimo anacrónico de mi vida, el BUP, que suponía dejar de ir con tus padres a cumplimentar los trámites administrativos de matriculación, me inscribía en un "curso de informática" para intentar sacar partido a mi recién estrenado ordenador. El curso se impartía en COBOL con una máquina Philips que disponía de cuatro terminales y un disco duro de 60 MB; mientras, en casa me esperaba un micro MSX, competencia directa de los populares Commodore 64 y Spectrum Sinclair. A esta extraña experiencia seguían un curso de BASIC y mis primeros pinitos, como autodidacta con el lenguaje ensamblador del microprocesador del MSX, un Zilog 80... Precioso. La nostalgia me asalta por momentos mientras rememoro aquella época: las primeras películas porno, recurso natural del adolescente autodidacta.
Mis excesos en aquellos años de alcoholismo juvenil en el instituto --descubría la cerveza Spaten en el Bar Bonsai- no me hacen olvidar cuando apareció en nuestra institución el primer IBM PC XT con su pantalla de fósforo verde, que más tarde sería sustituido por un pecé clónico equipado con el potentísimo INTEL 286 abriendo un mundo de posibilidades con su software para el periódico de los estudiantes, así como para la redacción de los apuntes de ciertas asignaturas. Incluso recuerdo al primer profesor, de matemáticas concretamente, que nos enseñó un pecé portátil de Toshiba: era blanco y la pantalla de fósforo ámbar. Mientras mis amigos más frikis leían la revista 'mi computer' y se declaraban conversos creyentes del Commodore Amiga, yo seguía siendo "el empollón de la clase", de cualquier clase. Mientras me diluía entre cerveza y hacía patente mi incapacidad para las relaciones sociales, la falta de alternativas conocidas y el elitismo como marca de la casa, me acercaban a la EsKuel@ de TeleK0 de la Pol¡Técn!KA y los estudios conducentes al título de Ingeniero de Telecomunicación.
Una vez en Madrid, aparte de cometer todos los errores que se pueden cometer, mi sesgo estético hacia la matemática pura y la filosofía me alejaban de cualquier planteamiento pragmático de futuro, fundamental, por otra parte, si lo que quieres en terminar la carrera e integrarte como un engranaje útil de la máquina económica en que se ha convertido la sociedad post-industrial.
Es allí, en la EsKuel@, donde se empieza a oir hablar con fuerza de Internet, la "alternativa" simplona e ineficaz a "las redes de verdad", las de las compañías del gremio, las telefónicas, las telcos (telephone companies) de toda la vida, que es donde están los ingenieros de verdad, no esos putos freakies outsiders adoradores del IP.
Superado ese dogma con la aparición de la Web y los primeros navegadores, que te enseñaban los colegas que habían estado en EE.UU., la situación daba un vuelco importante reforzando la enseñanza de la telemática y dando un peso considerable a las redes de ordenadores, por encima de la vetusta arquitectura de computadoras, nacida por otro lado, en la misma escuela y originaria de los estudios de informática en nuestro país.
Yo, personalmente, comenzaba tímidamente a convertirme en usuario del correo electrónico, la transferencia de ficheros y la mensajería, eso sí, agazapado tras la imagen 'cool' del modernillo y alternativo linux de aquellos maravillosos años y, como no, el vernáculo UNIX y su inseparable lenguaje de programación C (descartados el A y el B, era de una simplicidad estética insuperable). El goce onanista de saberte poseedor del secreto del anillo (los "comandos" del sistema operativo unix o linux de turno, que se introducían vía terminal de texto) te convertían en parte del 'matrix', un ser superior que estaba por encima de los problemas del común mortal.
El tiempo pasaba y Bill Gates y sus chicos, convencidos de que no se le podían poner puertas al campo, decidía ponerle ventanas, que en poco tiempo se abrían a un mar de información en la red de redes, la Internet tan denostada por su origen industrial-militar que cobraba nueva vida con la popularización de la Web como aplicación estrella casi por encima del correo electrónico. Pero, con todo y con eso, yo seguía cerrando los bares de la ciudad.
Llegaba el fin de siglo y los anuncios apocalípticos del "efecto 2000" conseguían, aparte de que las consultoras hicieran caja, que en el imaginario colectivo ganara posiciones la Red como icono de la globalización, del todo está conectado. Por mi parte, yo liquidaba mi relación formal con LA EsKuel@ y entraba en el mundo laboral, formalmente hablando, incorporándome en una unidad de innovación y desarrollo tecnológico de una conocida entidad bancaria, tras haber rechazado una oferta para ocuparme de las labores comerciales de un fabricante italiano de marcapasos ... Sigo pensando que era una tapadera de algo más grande ;-)
Es en EL Banco donde mi relación con la Red se estrechaba considerablemente. Siendo los buscadores nuestra herramienta fundamental de trabajo, comienzo a descubrir un universo de contenidos y una necesidad perentoria de la organización de separar el pelo de la paja, en mi caso dentro de una labor de vigilancia tecnológica muy básica.
No recuerdo cómo ni cuándo, pero fue en esa época cuando empecé a utilizar el exiguo espacio web que el colegio profesional del gremio, el COIT, nos ofrecía a l@s colegiad@s. Sí recuerdo mis primeros pinitos con el HTML a pelo, con un editor de texto plano, herencia clara de mis días de 'hacker wannabe' como estudiante. Una actitud tan poco pragmática como el resto de mi existencia que, sin embargo, me iba a servir para ir descubriendo la verdadera potencia del "copipega" cuando el contenido es más tecnología que contenido: era la forma evidente de añadir funcionalidad a tu sitio web y aprender, copiar trozos de código de otros sitios.
Mi labor de análisis e investigación me llevaban a seguir la evolución de fenómenos incipientes, como los blogs, en aquellos primeros años del siglo XXI. El conocimiento y la sensibilidad adquirida en esa actividad fueron los que me sirvieron para, a partir de 2003, momento en que me quedaba de nuevo en la calle, iniciara una etapa nueva en mi forma de entender la Red y su papel en mi vida.
Con mucho tiempo libre y sin un objetivo claro que perseguir iba constatando día a día el desconocimiento y la mediocridad que regían la toma de decisiones a todos los niveles en lo referente a la sociedad de la información y su proceso de construcción como infraestructura de un futuro y sostenible estado del bienestar, bla bla bla... Poco a poco acumulaba descontento y alcohol en sangre, lo cual me llevaba a volver a la universidad para comprarme otro carné acompañado de su correspondiente acrónimo, MBA. Dado mi nivel económico, me refugiaba en el bar de la EsKuel@ mientras recuperaba viejos contactos de mi época de estudiante que, con el tiempo, terminaban sustanciándose en una relación más formal con la institución como precario mileurista de investigación, categoría que, aunque con matices, me describe aun a la perfección. Especialmente importante ha sido el reencuentro con Fernando Sáez Vacas, comprometido y rigurosísimo pensador de trayectoria dilatada, y sin embargo buen amigo, con el que tenía el placer de coordinar un cuaderno especial de la revista TELOS en 2005, que sería uno de los primeros, si no el primer, trabajo en español de su clase sobre el fenómeno blog, a partir del cual se forjarían nuevas amistades y relaciones profesionales.
Era la época, la venta de Blogger a Google hacía que el fenómeno blog se convirtiera en algo mediático en todos los sentidos y que arrastrara con él a multitud de otras herramientas propias de ámbitos muy diversos que encontraban en la "Web 2.0" LA etiqueta definitiva. Convertido por aquella época en un profesional de los eventos, comenzaba a extender mi propia red de contactos con verdaderos profesionales del networking. Empezaba a vivir de cerca los grandes hitos de una Red que se recuperaba lentamente del desastre financiero de principios de siglo, como la salida a bolsa de Google, la venta de Weblogs, Inc. o la aparición en España de Weblogs, S.L..
Mientras mi actividad "bloguera" se consolidaba como parte de mi existencia nihilista y autodestructiva, comenzaba a participar en algunos trabajos de análisis y divulgación más profesionales de la mano de diversas instituciones, lo cual me llevaba a sumergirme de lleno en una especie de Matrix internético-webesférico-blogosférico pseudo-corporativista en el que me he encontrado de todo, desde la siempre divertida figura del gurú de la cibercosa, hasta el emprendedor combativo e inasequible al desaliento, pasando por l@s activistas más comprometid@s.
Tod@s me aportan algo bueno y me siento afortunado de poder formar parte de un proceso de cambio del que somos tod@s responsables; y, dentro de mis patentes limitaciones, creo firmemente que el mejor servicio que un profesional --un ingeniero, un humanista- "híbrido" como yo puede ofrecer a esta sociedad mediocre que lo ha creado es precisamente hacer ver, a quien quiera mirar, que también el o ella es parte de esa sociedad, de la información, de la comunicación, del ocio... de lo que sea, pero que debemos construir, que de hecho construimos, entre tod@s y en la que podemos participar de una forma más activa. Esa es --siempre ha sido- la esencia de la Red, las personas, la conexión, la comunicación que nos llevará a coleccionar lugares, hallazgos, momentos, ... personas.
Para muestra, un botón. Javier Jimeno y su particular visión de la Red desde la perspectiva de un superviviente, Jan Hinrichs, emprendedor ejemplar, Ildefonso Mayorgas gran conector, "redero" por excelencia que comienza a ganar cierto reconocimiento a su incansable labor al frente del Last Thursday. Octavio Rojas, que empuja desde el principio el Beers&blogs, paradigma de toda una nueva generación de encuentros informales que insuflan nueva vida en la Red y que nos ha llevado, juntos, a promover "la conversación" fuera del entorno digital. Fernando Polo y Luis García de la Fuente, humanistas posmodernos atrapados en el traje de hombres de empresa. Alex DC, emprendedor apasionado y comprometido con su proyecto, fresqui. Oscar Espiritusanto, ciudadano del mundo convencido de que tod@s debemos serlo, el alma de periodismociudadano.com. Yolanda Rueda y Jorge Rastrilla, al frente de la acción social en la Red con sus cibervoluntari@s; Pedro Cluster, que nos ha enseñado, desde la calle, cómo se puede cambiar la sociedad desde el ámbito personal y local mediante el uso de las infotecnologías. Jaime Estévez y Mercedes Rojo, que han conseguido abrir una serie de foros pseudo-institucionales a la participación para la acción. Rafael Casado, un profesional del conocimiento comprometido que se ha volcado con su proyecto para la investigación de la acción participativa, desde fiap... Personas que, entre otras muchas han marcado mi historia en la Red.
Con multitud de proyectos en marcha y una gran diversidad de frentes abiertos, entre los que me motivan especialmente los relacionados con la participación ciudadana y la explotación de una nueva territorialidad digital en la acción participativa local, como una forma de entender la globalidad de una realidad mundializada, siento que finalmente, en esta etapa final del año lunar del cerdo dorado, he alcanzado esa sensación de fluidez que me conducirá a un esperado final por la vía del vicio, fruto de un hedonismo extremo.
¿Qué tiene eso que ver con mi historia en la Internet española? Todo. Se trata de MI circunstancia, que me rodea, me atrapa y me condiciona para lo que me acontecería al sumergirme de forma precoz en el universo infotecnológico. En el verano que transcurría desde la EGB hacia otro acrónimo anacrónico de mi vida, el BUP, que suponía dejar de ir con tus padres a cumplimentar los trámites administrativos de matriculación, me inscribía en un "curso de informática" para intentar sacar partido a mi recién estrenado ordenador. El curso se impartía en COBOL con una máquina Philips que disponía de cuatro terminales y un disco duro de 60 MB; mientras, en casa me esperaba un micro MSX, competencia directa de los populares Commodore 64 y Spectrum Sinclair. A esta extraña experiencia seguían un curso de BASIC y mis primeros pinitos, como autodidacta con el lenguaje ensamblador del microprocesador del MSX, un Zilog 80... Precioso. La nostalgia me asalta por momentos mientras rememoro aquella época: las primeras películas porno, recurso natural del adolescente autodidacta.
Mis excesos en aquellos años de alcoholismo juvenil en el instituto --descubría la cerveza Spaten en el Bar Bonsai- no me hacen olvidar cuando apareció en nuestra institución el primer IBM PC XT con su pantalla de fósforo verde, que más tarde sería sustituido por un pecé clónico equipado con el potentísimo INTEL 286 abriendo un mundo de posibilidades con su software para el periódico de los estudiantes, así como para la redacción de los apuntes de ciertas asignaturas. Incluso recuerdo al primer profesor, de matemáticas concretamente, que nos enseñó un pecé portátil de Toshiba: era blanco y la pantalla de fósforo ámbar. Mientras mis amigos más frikis leían la revista 'mi computer' y se declaraban conversos creyentes del Commodore Amiga, yo seguía siendo "el empollón de la clase", de cualquier clase. Mientras me diluía entre cerveza y hacía patente mi incapacidad para las relaciones sociales, la falta de alternativas conocidas y el elitismo como marca de la casa, me acercaban a la EsKuel@ de TeleK0 de la Pol¡Técn!KA y los estudios conducentes al título de Ingeniero de Telecomunicación.
Una vez en Madrid, aparte de cometer todos los errores que se pueden cometer, mi sesgo estético hacia la matemática pura y la filosofía me alejaban de cualquier planteamiento pragmático de futuro, fundamental, por otra parte, si lo que quieres en terminar la carrera e integrarte como un engranaje útil de la máquina económica en que se ha convertido la sociedad post-industrial.
Es allí, en la EsKuel@, donde se empieza a oir hablar con fuerza de Internet, la "alternativa" simplona e ineficaz a "las redes de verdad", las de las compañías del gremio, las telefónicas, las telcos (telephone companies) de toda la vida, que es donde están los ingenieros de verdad, no esos putos freakies outsiders adoradores del IP.
Superado ese dogma con la aparición de la Web y los primeros navegadores, que te enseñaban los colegas que habían estado en EE.UU., la situación daba un vuelco importante reforzando la enseñanza de la telemática y dando un peso considerable a las redes de ordenadores, por encima de la vetusta arquitectura de computadoras, nacida por otro lado, en la misma escuela y originaria de los estudios de informática en nuestro país.
Yo, personalmente, comenzaba tímidamente a convertirme en usuario del correo electrónico, la transferencia de ficheros y la mensajería, eso sí, agazapado tras la imagen 'cool' del modernillo y alternativo linux de aquellos maravillosos años y, como no, el vernáculo UNIX y su inseparable lenguaje de programación C (descartados el A y el B, era de una simplicidad estética insuperable). El goce onanista de saberte poseedor del secreto del anillo (los "comandos" del sistema operativo unix o linux de turno, que se introducían vía terminal de texto) te convertían en parte del 'matrix', un ser superior que estaba por encima de los problemas del común mortal.
El tiempo pasaba y Bill Gates y sus chicos, convencidos de que no se le podían poner puertas al campo, decidía ponerle ventanas, que en poco tiempo se abrían a un mar de información en la red de redes, la Internet tan denostada por su origen industrial-militar que cobraba nueva vida con la popularización de la Web como aplicación estrella casi por encima del correo electrónico. Pero, con todo y con eso, yo seguía cerrando los bares de la ciudad.
Llegaba el fin de siglo y los anuncios apocalípticos del "efecto 2000" conseguían, aparte de que las consultoras hicieran caja, que en el imaginario colectivo ganara posiciones la Red como icono de la globalización, del todo está conectado. Por mi parte, yo liquidaba mi relación formal con LA EsKuel@ y entraba en el mundo laboral, formalmente hablando, incorporándome en una unidad de innovación y desarrollo tecnológico de una conocida entidad bancaria, tras haber rechazado una oferta para ocuparme de las labores comerciales de un fabricante italiano de marcapasos ... Sigo pensando que era una tapadera de algo más grande ;-)
Es en EL Banco donde mi relación con la Red se estrechaba considerablemente. Siendo los buscadores nuestra herramienta fundamental de trabajo, comienzo a descubrir un universo de contenidos y una necesidad perentoria de la organización de separar el pelo de la paja, en mi caso dentro de una labor de vigilancia tecnológica muy básica.
No recuerdo cómo ni cuándo, pero fue en esa época cuando empecé a utilizar el exiguo espacio web que el colegio profesional del gremio, el COIT, nos ofrecía a l@s colegiad@s. Sí recuerdo mis primeros pinitos con el HTML a pelo, con un editor de texto plano, herencia clara de mis días de 'hacker wannabe' como estudiante. Una actitud tan poco pragmática como el resto de mi existencia que, sin embargo, me iba a servir para ir descubriendo la verdadera potencia del "copipega" cuando el contenido es más tecnología que contenido: era la forma evidente de añadir funcionalidad a tu sitio web y aprender, copiar trozos de código de otros sitios.
Mi labor de análisis e investigación me llevaban a seguir la evolución de fenómenos incipientes, como los blogs, en aquellos primeros años del siglo XXI. El conocimiento y la sensibilidad adquirida en esa actividad fueron los que me sirvieron para, a partir de 2003, momento en que me quedaba de nuevo en la calle, iniciara una etapa nueva en mi forma de entender la Red y su papel en mi vida.
Con mucho tiempo libre y sin un objetivo claro que perseguir iba constatando día a día el desconocimiento y la mediocridad que regían la toma de decisiones a todos los niveles en lo referente a la sociedad de la información y su proceso de construcción como infraestructura de un futuro y sostenible estado del bienestar, bla bla bla... Poco a poco acumulaba descontento y alcohol en sangre, lo cual me llevaba a volver a la universidad para comprarme otro carné acompañado de su correspondiente acrónimo, MBA. Dado mi nivel económico, me refugiaba en el bar de la EsKuel@ mientras recuperaba viejos contactos de mi época de estudiante que, con el tiempo, terminaban sustanciándose en una relación más formal con la institución como precario mileurista de investigación, categoría que, aunque con matices, me describe aun a la perfección. Especialmente importante ha sido el reencuentro con Fernando Sáez Vacas, comprometido y rigurosísimo pensador de trayectoria dilatada, y sin embargo buen amigo, con el que tenía el placer de coordinar un cuaderno especial de la revista TELOS en 2005, que sería uno de los primeros, si no el primer, trabajo en español de su clase sobre el fenómeno blog, a partir del cual se forjarían nuevas amistades y relaciones profesionales.
Era la época, la venta de Blogger a Google hacía que el fenómeno blog se convirtiera en algo mediático en todos los sentidos y que arrastrara con él a multitud de otras herramientas propias de ámbitos muy diversos que encontraban en la "Web 2.0" LA etiqueta definitiva. Convertido por aquella época en un profesional de los eventos, comenzaba a extender mi propia red de contactos con verdaderos profesionales del networking. Empezaba a vivir de cerca los grandes hitos de una Red que se recuperaba lentamente del desastre financiero de principios de siglo, como la salida a bolsa de Google, la venta de Weblogs, Inc. o la aparición en España de Weblogs, S.L..
Mientras mi actividad "bloguera" se consolidaba como parte de mi existencia nihilista y autodestructiva, comenzaba a participar en algunos trabajos de análisis y divulgación más profesionales de la mano de diversas instituciones, lo cual me llevaba a sumergirme de lleno en una especie de Matrix internético-webesférico-blogosférico pseudo-corporativista en el que me he encontrado de todo, desde la siempre divertida figura del gurú de la cibercosa, hasta el emprendedor combativo e inasequible al desaliento, pasando por l@s activistas más comprometid@s.
Tod@s me aportan algo bueno y me siento afortunado de poder formar parte de un proceso de cambio del que somos tod@s responsables; y, dentro de mis patentes limitaciones, creo firmemente que el mejor servicio que un profesional --un ingeniero, un humanista- "híbrido" como yo puede ofrecer a esta sociedad mediocre que lo ha creado es precisamente hacer ver, a quien quiera mirar, que también el o ella es parte de esa sociedad, de la información, de la comunicación, del ocio... de lo que sea, pero que debemos construir, que de hecho construimos, entre tod@s y en la que podemos participar de una forma más activa. Esa es --siempre ha sido- la esencia de la Red, las personas, la conexión, la comunicación que nos llevará a coleccionar lugares, hallazgos, momentos, ... personas.
Para muestra, un botón. Javier Jimeno y su particular visión de la Red desde la perspectiva de un superviviente, Jan Hinrichs, emprendedor ejemplar, Ildefonso Mayorgas gran conector, "redero" por excelencia que comienza a ganar cierto reconocimiento a su incansable labor al frente del Last Thursday. Octavio Rojas, que empuja desde el principio el Beers&blogs, paradigma de toda una nueva generación de encuentros informales que insuflan nueva vida en la Red y que nos ha llevado, juntos, a promover "la conversación" fuera del entorno digital. Fernando Polo y Luis García de la Fuente, humanistas posmodernos atrapados en el traje de hombres de empresa. Alex DC, emprendedor apasionado y comprometido con su proyecto, fresqui. Oscar Espiritusanto, ciudadano del mundo convencido de que tod@s debemos serlo, el alma de periodismociudadano.com. Yolanda Rueda y Jorge Rastrilla, al frente de la acción social en la Red con sus cibervoluntari@s; Pedro Cluster, que nos ha enseñado, desde la calle, cómo se puede cambiar la sociedad desde el ámbito personal y local mediante el uso de las infotecnologías. Jaime Estévez y Mercedes Rojo, que han conseguido abrir una serie de foros pseudo-institucionales a la participación para la acción. Rafael Casado, un profesional del conocimiento comprometido que se ha volcado con su proyecto para la investigación de la acción participativa, desde fiap... Personas que, entre otras muchas han marcado mi historia en la Red.
Con multitud de proyectos en marcha y una gran diversidad de frentes abiertos, entre los que me motivan especialmente los relacionados con la participación ciudadana y la explotación de una nueva territorialidad digital en la acción participativa local, como una forma de entender la globalidad de una realidad mundializada, siento que finalmente, en esta etapa final del año lunar del cerdo dorado, he alcanzado esa sensación de fluidez que me conducirá a un esperado final por la vía del vicio, fruto de un hedonismo extremo.
Etiquetas: historia, internet, personal, sociedad
Comentarios:
Publicar un comentario en la entrada
